Septiembre en la Antigua Roma: cosechas, vendimias y el regreso de la vida pública

Septiembre en la Antigua Roma

Septiembre en la Antigua Roma, marcaba el final del verano y el comienzo de una nueva etapa del año. 

Los campos seguían ofreciendo sus últimos frutos, comenzaban las vendimias en muchas regiones y, después de los meses más calurosos, la vida pública recuperaba progresivamente su actividad.

Aunque hoy es el noveno mes del año, su nombre conserva el recuerdo de un calendario mucho más antiguo.

Septiembre era, por tanto, un mes de transición: entre el verano y el otoño, entre las últimas labores agrícolas y el regreso de la actividad pública, y también uno de los momentos más importantes del calendario religioso romano gracias a los Ludi Romani, celebrados en honor a Júpiter.

El origen del nombre

September deriva de septem, “siete”.

En el calendario tradicional atribuido a Rómulo, el año comenzaba en marzo y septiembre ocupaba el séptimo lugar. Más tarde, enero y febrero fueron incorporados al calendario, desplazando septiembre hasta convertirse en el noveno mes.

Sin embargo, el nombre sobrevivió a las sucesivas reformas del calendario y ha llegado prácticamente intacto hasta nuestros días.

Dioses de septiembre

Septiembre no estaba relacionado o dedicado exclusivamente a una divinidad concreta como ocurría con algunas otras festividades del calendario romano. Sin embargo, había un dios que adquiría un protagonismo extraordinario durante ese mes: Júpiter Optimus Maximus.

Los Ludi Romani, uno de los grandes festivales religiosos y públicos de Roma, se celebraban en su honor y constituían uno de los acontecimientos más importantes del calendario romano. 

Optimus Maximus significa literalmente:

  • Optimus = el mejor.
  • Maximus = el más grande.

Es decir: «Júpiter, el mejor y el más grande.»

Para los romanos, Júpiter era la divinidad suprema del Estado y estaba estrechamente relacionado con la soberanía, los juramentos, los tratados, la protección de Roma y la victoria. Su culto estaba profundamente ligado a la vida política y militar de la República.

Y septiembre tenía precisamente uno de sus grandes momentos religiosos en el culto a este dios.

Templo de Júpiter Optimus Maximus

En lo alto del Capitolio se encontraba el Templo de Júpiter Optimus Maximus, también conocido como Templo de Júpiter Capitolino.

Era el gran templo estatal de Roma y estaba dedicado a la Tríada Capitolina: Júpiter, Juno y Minerva, aunque Júpiter ocupaba la posición principal.  El templo estaba estrechamente relacionado con algunos de los acontecimientos más solemnes de la vida romana.

Allí:

  • se realizaban sacrificios a los dioses;
  • los generales victoriosos culminaban allí su triunfo;
  • se depositaban ofrendas procedentes de las victorias militares; 
  • se conservan los Libros Sibilinos, textos proféticos consultados en momentos de especial importancia para el Estado.

El triunfo militar estaba especialmente vinculado al templo; después de recorrer las calles de Roma, el general victorioso llegaba al Capitolio para ofrecer sacrificios y parte del botín a Júpiter.

Según la tradición romana, la construcción del templo comenzó durante el reinado de Lucio Tarquinio Prisco, continuó bajo Servio Tulio y fue completada por Lucio Tarquinio el Soberbio. 

Su consagración tradicional se sitúa el 13 de septiembre de 509 a. C., una fecha cargada de simbolismo porque coincide con los primeros momentos de la República romana.

Ilustración del Templo de Júpiter Optimus Maximus en el Capitolio, estaba dedicado a la Tríada Capitolina.

La gran vendimia

Agosto y septiembre estaban estrechamente relacionados con el ciclo agrícola.

Roma dominaba territorios con climas muy diferentes, desde Hispania y la Galia hasta Italia, Grecia o el norte de África. Por eso, las fechas de maduración y recolección variaban según la región, el clima y el tipo de cultivo.

En muchas zonas, el final del verano y el comienzo del otoño eran momentos fundamentales para la recogida de frutos y, especialmente, para la vendimia. La recogida de la uva daba paso a todo el proceso de elaboración del vino: selección, prensado, fermentación y almacenamiento. 

El vino era mucho más que una bebida para los romanos. Formaba parte de la alimentación, de la vida social, de los banquetes y, por supuesto, de numerosos rituales religiosos.

Así, septiembre se encontraba en un momento fundamental del ciclo que llevaba de la vid al vino.

Septiembre estaba relacionado especialmente con la vendimia en la antigua Roma.

La ciudad recuperaba el ritmo

Después del período más caluroso del año, la vida pública romana recuperaba progresivamente su actividad.

Las actividades políticas, administrativas y judiciales podían intensificarse de nuevo después del verano, mientras Roma volvía a llenarse de reuniones, asuntos públicos y acontecimientos religiosos.

Roma volvía poco a poco a la actividad pública después del verano.

Festividades de septiembre

Los Ludi Romani (4-19 septiembre)

Los Ludi Romani, también llamados Ludis Magni, eran uno de los festivales públicos más antiguos y prestigiosos de Roma. 

Estaban dedicados principalmente a Júpiter Optimus Maximus y, con el paso del tiempo, se convirtieron en uno de los grandes acontecimientos religiosos, políticos y sociales del calendario romano.

Las fechas cambiaron a lo largo de los siglos. En época republicana tardía aparecen documentados en septiembre y, posteriormente, el festival se extendió hasta ocupar aproximadamente del 4 al 19 de septiembre.

Durante los Ludis se realizaban ceremonias religiosas y sacrificios, procesiones y espectáculos públicos. Entre estos últimos estaban especialmente las carreras de carros en el Circo Máximo, aunque el programa fue ampliándose con el tiempo.

Las Ludi Romani o Ludis Magni, eran uno de los festivales más antiguos de Roma. Se celebraban en el Circo Máximo durante el mes de septiembre.

La celebración estaba vinculada al culto de Júpiter y a la protección divina del Estado romano.

Celebraciones de las Ludi Romani

Los Ludi Romani permitían:

  • honrar a Júpiter; 
  • cumplir los rituales religiosos establecidos;
  • celebrar y agradecer las victorias y la protección divina;
  • reunir a la comunidad romana;
  • reforzar la identidad colectiva de Roma.

Los magistrados encargados de organizar los juegos tenían además una oportunidad extraordinaria para ganar prestigio y popularidad. Los ediles curules desempeñaban un papel fundamental en la organización de los juegos y de las ceremonias asociadas a ellos.

El 13 de septiembre se celebraba el Epulum lovis, el “banquete de Júpiter”, asociado a los Ludi Romani. Las fuentes antiguas distinguen este banquete del que se celebraba en noviembre con los Ludi Plebeii. Además coincidía tradicionalmente con la dedicación del gran templo capitolino.

Origen de los Ludi Romani

Los Ludi Romani, también llamados Ludi Magni, se encontraban entre las celebraciones religiosas públicas más importantes de Roma.

Su origen se pierde en los primeros siglos de la ciudad y las fuentes antiguas ofrecen distintas versiones sobre su institución. Según una tradición, fueron establecidos por Tarquinio Prisco en el siglo VI a.C., después de una victoria sobre los latinos. Otras tradiciones  relacionan su origen con la victoria romana sobre los latinos en el lago Regilo, a comienzos de la República.

En sus primeras etapas fueron mucho más breves. Con el paso de los siglos, el festival fue incorporando nuevos días y nuevos espectáculos hasta alcanzar, en época republicana tardía y comienzos del Imperio, una duración de alrededor de dieciséis días, del 4 al 19 de septiembre.

Lo que había comenzado como una celebración religiosa terminó convirtiéndose en una enorme combinación de culto, procesiones, espectáculos y carreras.

La gran procesión: la Pompa Circensis

Los Ludi Romani no comenzaban simplemente con una carrera.

Antes de que los carros entraran en la pista tenía lugar una impresionante procesión ceremonial conocida como Pompa Circensis, la procesión que conducía los juegos hasta el Circo. 

El cortejo partía tradicionalmente del Capitolio, atravesaba el Foro Romano y continuaba hasta el Circo Máximo.

En ella podían participar:

  • magistrados;
  • jóvenes de las familias nobles;
  • sacerdotes;
  • músicos;
  • bailarines;
  • atletas;
  • aurigas y participantes de los juegos;
  • animales y elementos vinculados a los espectáculos;
  • y, especialmente, las imágenes de los dioses.

Las imágenes divinas eran transportadas solemnemente en estructuras llamadas fercula, mientras que sus atributos y objetos sagrados podían llevarse en carros especiales llamados tensae.

La procesión tenía además un significado religioso fundamental: los dioses estaban simbólicamente presentes en los juegos. Cuando el cortejo llegaba al Circo, las imágenes eran colocadas en un lugar de honor y se realizaban los tiros correspondientes antes de comenzar los espectáculos.

La Pompa Circensis, era una procesión ceremonial donde los sacerdotes, músicos y magistrados avanzaban con las imágenes de los dioses hacia el Circo Máximo para el comienzo de los Ludi Romani.

Una vez terminada la ceremonia religiosa comenzaban los Ludi Romani.

El programa fue cambiando a lo largo del tiempo, pero podía incluir:

  • carreras de carros;
  • carreras de caballos;
  • competiciones atléticas;
  • boxeo;
  • lucha;
  • otros ejercicios deportivos;
  • representaciones teatrales;
  • música y danza.

Los juegos circenses, especialmente las carreras de carros, terminaron convirtiéndose en uno de los grandes atractivos populares del festival.

El Circo Máximo

El Circus Maximus era el gran escenario de las carreras de carros.

El lugar comenzó a desarrollarse, según la tradición, durante el reinado de Tarquinio Prisco, en el siglos VI a.C., aunque la construcción y monumentalización del recinto se produjo progresivamente durante siglos.

Una fuente antigua atribuida a Dionisio de Halicarnaso calcula una capacidad de aproximadamente 150.000 espectadores, mientras que Plinio el Viejo ofrece una cifra de 250.000. 

Fue uno de los edificios de espectáculos más grandes jamás construidos por el ser humano.

Las carreras: las auténticas estrellas de las Ludi Romani

La cuadriga era un carro tirado por cuatro caballos. 

También existían:

  • biga → dos caballos
  • triga → tres
  • quadriga → cuatro
  • seiuga → seis

Pero la cuadriga era, sin duda, una de las grandes protagonistas de las carreras. Los conductores eran los aurigae.

Las carreras de cuadrigas eran una de las principales atracciones durante los Ludi Romani, en la Antigua Roma.

Las facciones: Roma tenía sus colores

Las carreras dieron lugar a una fuerte identificación del público con las distintas facciones.

Las cuatro tradicionales eran:

  • Rojos
  • Azules
  • Verdes
  • Blancos

Con el tiempo, las facciones desarrollaron auténticos seguidores y algunos aurigas llegaron a convertirse en celebridades.

Siete vueltas alrededor de la spina

Las carreras normalmente constaban de siete vueltas.

En el centro del Circo se encontraba la spina, una larga estructura que dividía la pista. Estaba decorada con monumentos, estatuas, fuentes y obeliscos, y en sus extremos se encontraban las metae, los puntos alrededor de los cuales tenían que girar los carros.

Los delfines y los huevos 

Para que el público pudiera saber cuántas vueltas se habían completado existían dispositivos de señalización. Había siete huevos (ova) y posteriormente también siete delfines, que se iban moviendo o bajando para indicar las vueltas completadas.

Las fuentes arqueológicas y literarias permiten reconstruir esta práctica; en el Circo Máximo los huevos están documentados desde el siglo II a,C. y los delfines fueron añadidos posteriormente.

Durante las carreras de cuadrigas en el Circo Máximo, los romanos diseñaron un dispositivo de señalización para indicar las vueltas completadas. Éstos eran delfines y huevos.

Una carrera peligrosísima

Las carreras no eran un deporte tranquilo.

Los aurigas podían envolver las riendas alrededor de su cuerpo para conseguir mayor control y fuerza al manejar los caballos. El problema era: si el carro volcaba, podían quedar atrapados. Por ello llevaban un pequeño cuchillo con el que podían cortar las riendas rápidamente en caso de accidente.

Los accidentes eran tan frecuentes y peligrosos que incluso recibían un nombre: Naufragium, literalmente “naufragio”. El término se utilizaba para describir el vuelco o accidente de un carro durante la carrera.

Los caballos también eran estrellas

Los caballos de carreras eran animales muy valiosos y cuidadosamente seleccionados.

Algunos llegaron a alcanzar fama propia y aparecen mencionados en inscripciones y fuentes literarias.

La importancia del caballo era tal que no todo el prestigio recaía sobre el auriga: el equipo y sus animales podían convertirse en auténticas estrellas del espectáculo.

Ofrendas y sacrificios

Los Ludi Romani no eran únicamente entretenimiento. El componente religioso estaba presente durante todo el festival.

Los sacrificios y plegarias formaban parte de las ceremonias, y los ritos debían realizarse correctamente. Si se cometía un error ritual, los juegos podían incluso tener que repetirse.

Para los romanos, un espectáculo público podía ser al mismo tiempo diversión para el pueblo y un acto religioso para los dioses.

El Epulum Iovis (13 de septiembre): el gran banquete dedicado a Júpiter

El 13 de septiembre aparece asociado en los calendarios romanos al banquete ritual de los dioses del Capitolio. La ceremonia tradicionalmente estaba relacionada con el Epulum lovis y con la Tríada Capitolina: Júpiter, Juno y Minerva.

Durante el ritual se preparaba una mesa ceremonial y las imágenes divinas eran colocadas en posiciones propias de los comensales. Júpiter aparecía reclinado sobre un lecho ceremonial, mientras que Juno y Minerva podían aparecer sentadas Se les ofrecía simbólicamente comida y bebida como si fueran invitados al banquete (lectisternium).

Lectisternium, procede de:

  • lectus → lecho;
  • sternere → extender o preparar.

El término designaba el ritual en el que las imágenes de los dioses eran colocadas sobre lechos ceremoniales y se disponían alimentos delante de ellas, como si participaran en una banquete.

El Epulum Lovis, celebrado el 13 de septiembre durante los Ludi Romani, era un banquete ritual relacionado con la Tríada Capitolina en la antigua Roma.

El 13 de septiembre: Júpiter en el centro de Roma

El 13 de septiembre ocupaba un lugar especial dentro del calendario religioso romano.

La tradición situaba en esta fecha la dedicación del Templo de Júpiter Optimus Maximus, en el Capitolio, en los primeros tiempos de la República. Las fuentes relacionan la consagración en el año 509 a.C. 

El templo estaba dedicado a Júpiter, Juno y Minerva, la llamada Tríada Capitolina, y se convirtió en uno de los grandes centros religiosos y políticos de Roma.

Roma renovaba públicamente su relación con Júpiter. En un acto religioso y también político ya que, Júpiter protegía a toda Roma.

Por eso, el 13 de septiembre reunía varios elementos fundamentales:

  • la conmemoración de la dedicación del templo;
  • el Epulum Iovis, el banquete ritual asociado a la celebración;
  • y los Ludi Romani, que alcanzaban durante esos días uno de sus momentos centrales.

Más que un simple aniversario, era una ocasión para reafirmar públicamente la relación entre Roma, sus dioses y el Estado.

Gayo Apuleyo Diocles: la superestrella del Circo

Gayo Apuleyo Diocles, se convirtió en uno de los aurigas más famosos y mejor recompensados de la Antigüedad.

Nacido en Lusitania, su carrera está extraordinariamente bien documentada gracias a una inscripción dedicada a él.

Según esta inscripción:

  • compitió durante 24 años;
  • participó en 4.257 carreras;
  • obtuvo 1.462 victorias;
  • consiguió además miles de puestos destacados;
  • y acumuló 35.863.120 sestercios en premios.

Comenzó a competir con unos 18 años y se retiró a los 42 años, después de una carrera excepcionalmente larga para un auriga. La inscripción sitúa su primera participación en el año 122 d.C. y su retirada alrededor de 146.

Diocles no fue siempre de la misma facción. Comenzó con los Blancos, pasó posteriormente a los Verdes y finalmente alcanzó sus mayores éxitos con los Rojos, donde permaneció durante buena parte de su carrera.

Su fortuna fue tan extraordinaria que se ha popularizado la descripción de Diocles como “el deportista mejor pagado de la historia”.

Curiosidades

Los caballos: estrellas de cuatro patas

Los caballos eran fundamentales para el espectáculo.

Los mejores animales podían proceder de distintas regiones del Imperio, y los criadores buscaban cualidades como:

  • velocidad;
  • resistencia
  • obediencia;
  • fuerza;
  • capacidad para realizar giros cerrados.

Las carreras exigían muchísimo de los animales, especialmente al aproximarse a las metae, los puntos de giro situados en los extremos de la pista.

Algunos caballos llegaron a alcanzar una fama extraordinaria. La propia inscripción de Diocles menciona que hizo ganadores a numerosos caballos, incluyendo animales que alcanzaron 100 victorias y uno que llegó a 200.

Cuando septiembre casi dejó de llamarse septiembre

Los romanos habían conservado durante siglos los nombres tradicionales de sus meses. Pero algunos emperadores intentaron modificarlos para honrarse a sí mismo o a miembros de su familia.

Tiberio

Durante el reinado de Tiberio, el Senado propuso cambiar el nombre de septiembre por Tiberius y el de octubre por Livius, en honor al emperador y su madre, Livia.

Tiberio rechazó la propuesta.

Calígula

También intentó modificar septiembre para llamarlo Germanicus, en honor a su padre, Germanico.

El cambio no perduró.

Domiciano

Dominacno también utilizó el calendario para reforzar su imagen imperial y durante su reinado septiembre llegó a aparecer asociado al nombre de Germanicus, aunque el cambio tampoco sobrevivió a su gobierno.

Cómodo

A finales del siglo II, Cómodo, en sus últimos meses de gobierno quiso transformar la propia identidad de Roma alrededor de su figura.

La tradición transmitida por las fuentes cuenta que se cambiaron los nombres de los doce meses para utilizar nombres y títulos asociados al emperador.

La Historia Augusta presenta septiembre como Hercules y octubre como Invictus. Pero Casio Dion, otra fuente antigua, ofrece una secuencia diferente:

  • agosto → Commodus
  • septiembre → Augustus
  • octubre → Herculeus
  • noviembre → Romanus
  • diciembre → Exsuperatorius

Cómodo había desarrollado una identificación extraordinariamente intensa con Hércules. Se presentaba como Hercules Romanus, aparecía representado con atributos del héroe y vinculaba su propia imagen imperial con él.

Entre su representaciones más famosas aparecen:

  • la piel del león de Nemea;
  • la maza;
  • las manzanas de las Hespérides.

Las fuentes describen incluso cómo se erigieron representaciones de Cómodo vestido como Hércules.

Ilustración de Cómodo, representado con los atributos de Hércules.

La reforma no sobrevivió a Cómodo. Después de su asesinato, el 31 de diciembre de 192 d.C., los nombres tradicionales fueron recuperados.  

Septiembre: entre el final del verano y un nuevo comienzo

A finales de septiembre, el equinoccio marcaba astronómicamente la llegada del otoño. Aunque no existía una gran festividad romana equivalente a una celebración moderna del equinoccio, el cambio de estación formaba parte del ciclo agrícola y del calendario anual.

Aunque septiembre marcaba para los romanos el final del verano, también podía representar el comienzo de una nueva etapa. Tras los meses más calurosos, la actividad pública recuperaba intensidad y Roma volvía a llenarse de vida.

Hace más de dos mil años, los romanos vivían septiembre entre las últimas labores agrícolas, la vendimia, las celebraciones religiosas dedicadas a Júpiter y los grandes espectáculos públicos. 

Hoy, aquellos rituales han desaparecido, pero algunas de las actividades vinculadas a esta época del año continúan formando parte de nuestras vidas. Los viñedos siguen llenándose de actividad cuando llega el momento de recoger la uva, mientras que septiembre continúa marcando, para muchas personas, el comienzo de una nueva etapa.

Septiembre en la Antigua Roma, marcaba el inicio del otoño con la recogida de las cosechas, la cendimia y el regreso de la vida pública.

Sigue las huellas

Visítalo hoy…

Foro Romano

El Foro Romano fue durante siglos uno de los grandes centros de la vida política, religiosa, judicial y comercial de Roma. Actualmente forma parte del Parque Arqueológico del Coliseo, junto al Palatino y el Coliseo. El recinto puede visitarse y permite recorrer las ruinas de algunos de los espacios donde transcurrió buena parte de la vida pública romana.

Templo de Júpiter Capitolino

El templo original de Júpiter Optimus Maximus desapareció después de varias destrucciones y reconstrucciones, pero todavía se conservan importantes restos de sus enormes cimientos en la Colina Capitolina.

Museos Capitolinos

En 1471, el papa Sixto IV donó al pueblo romano un importante conjunto de esculturas que se convirtió  en la base de los Museos Capitolinos; el proyecto de la plaza y de los edificios tal como los conocemos se desarrolló posteriormente, con Miguel Ángel como figura fundamental.

Los Museos Capitolinos permiten conocer mediante material arqueológico y reconstrucciones, la importancia que tuvo el templo de Júpiter en la antigua Roma.

Las colecciones ocupan edificios de la Plaza del Campidoglio, diseñada por Miguel Ángel, y conservan numerosas piezas relacionadas con la historia de Roma. 

Circo Máximo

Ocupa todavía el valle donde durante siglos se celebraron carreras de carros y grandes espectáculos.

Hoy sus restos pueden contemplarse en el espacio arqueológico del Circo Máximo, donde todavía resulta posible reconocer la enorme escala que tuvo uno de los grandes escenarios de la antigua Roma.

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