Febrero en la Antigua Roma: purificación, muertos y el ritual salvaje de las Lupercales

Ilustración en acuarela sobre los rituales de purificación romanos durante Februarius.

Febrero no nació como el “mes del amor”. Nació como el mes de la purificación, de los muertos, de los espíritus… y de rituales tan intensos que hoy nos resultarían casi salvajes. Para los romanos, febrero era un umbral: el final del ciclo viejo, el momento de limpiar lo impuro, de reconciliarse con los antepasados y de preparar el renacimiento de la primavera. Porque antes de que el año volviera a comenzar… Roma debía limpiarse.

Februarius: el mes de la purificación

La tradición romana atribuía a Numa Pompilio (segundo rey de Roma, siglo VIII a. C.) la reforma del calendario y la incorporación de Februarius, que inicialmente era el último mes del año.

Su nombre procede de februa, término relacionado con la purificación ritual. Y no era casualidad: antes de que el ciclo se reiniciase, el mundo debía quedar “limpio”.

En Roma, purificarse no era una metáfora, sino un conjunto de prácticas reales:

  • baños rituales
  • ofrendas
  • sacrificios
  • “limpiezas” simbólicas del hogar y de la ciudad
  • ritos para aplacar a los muertos

Febrero era, literalmente, un mes para sacudirse el invierno, física y espiritualmente.

Un mes entre los vivos y los muertos

Si enero miraba al futuro, febrero miraba hacia atrás. Para los romanos, los muertos no estaban completamente ausentes: su memoria —y su influencia— debía ser respetada. Y si los ignorabas, podías despertar fuerzas inquietas.

Por eso, durante febrero, Roma vivía una atmósfera especial: más silenciosa, más solemne… como si la ciudad respirara con cuidado.

Los Parentalia (13–21 de febrero): honrar a los antepasados

Del 13 al 21 de febrero, Roma celebraba los Parentalia, un periodo dedicado a los antepasados.

Durante esos días:

  • las familias visitaban las tumbas
  • ofrecían vino, leche, flores, pan, sal o granos
  • realizaban rituales domésticos en honor a los difuntos

Era una festividad íntima, familiar. Los romanos no “celebraban” la muerte: la reconocían. Incluso la vida pública se ralentizaba: el Estado respetaba la idea de que durante esos días Roma estaba simbólicamente en contacto con el más allá.

Feralia (21 de febrero)

El último día de los Parentalia era el Feralia, el momento más serio del ciclo: un día de cierre, de despedida ritual, donde se reforzaba la idea de que la frontera con los muertos debía volver a cerrarse.

Las Lupercales (15 de febrero): el rito salvaje de Roma

Si los Parentalia eran solemnes, las Lupercales eran lo contrario: un rito físico, instintivo, arcaico, cargado de sangre y símbolos primitivos.

Se celebraban el 15 de febrero y eran una de las fiestas más antiguas de Roma. Estaban vinculadas a:

  • fertilidad
  • purificación
  • protección de la ciudad
  • renacimiento tras el invierno

La cueva del Lupercal: donde nació Roma (según el mito)

Las Lupercales se celebraban vinculadas al mito fundador: la cueva del Lupercal, al pie del Palatino, donde la loba habría amamantado a Rómulo y Remo.

No era solo religión: era identidad nacional. Roma no repetía el ritual: lo reactivaba, como si cada año volviese a nacer.

Las Lupercales en Roma: carrera ritual y rito de fertilidad
Las Lupercales (15 de febrero)

Los rituales

1) Sacrificios

Se sacrificaban normalmente:

  • cabras → símbolo de fertilidad
  • un perro → asociado a protección, guardianes, lo liminal

2) La sangre y la risa

A los jóvenes sacerdotes llamados luperci se les tocaba la frente con sangre del sacrificio, y luego se les limpiaba con lana mojada en leche. Se dice que debían reír, como parte del rito.

Esto simbolizaba el paso del invierno (muerte) a la renovación (vida).

3) La carrera ritual

Luego venía el momento que hizo famosas a las Lupercales:

  • los Luperci corrían por la ciudad semidesnudos
  • portaban tiras de piel llamadas februa
  • azotaban suavemente a quienes encontraban (especialmente mujeres)

Muchas mujeres se acercaban voluntariamente, porque se creía que ese contacto:

  • favorecía la fertilidad
  • aliviaba problemas de embarazo o parto
  • traía buena suerte

Era Roma en su estado más ancestral.

Febrero antes de los corazones

Mucho antes de ser romántico, febrero fue el mes en que Roma:

  • honraba a sus muertos
  • limpiaba lo viejo
  • expulsaba lo impuro
  • despertaba la vida

y abrazaba la primavera con ritos de sangre y pieles. Y quizá por eso…aunque hoy lo hayamos cubierto de corazones, febrero aún conserva algo de ese misterio antiguo: la idea de que antes del amor, antes del renacimiento…hay que purificarse.


Curiosidad / Nota histórica

Cristianismo, Lupercales y San Valentín

Cuando el cristianismo se impuso en Roma, no eliminó de inmediato las Lupercales: eran demasiado antiguas y populares.

La Iglesia trató de frenar prácticas paganas, y el papa Gelasio I (siglo V) criticó las Lupercales y trató de prohibirlas.

Aunque a veces se afirma que la Iglesia “sustituyó” las Lupercales (15 de febrero) por la festividad de San Valentín (14 de febrero). Sin embargo, la relación directa entre ambas celebraciones no está probada

La festividad cristiana de San Valentín aparece vinculada a Gelasio I en el siglo V y se asocia a un mártir llamado Valentín.

Lo romántico, en realidad, vino mucho después.

El “giro romántico” de San Valentín: Geoffrey Chaucer (siglo XIV)

La asociación entre el 14 de febrero y el amor romántico no procede de la Roma antigua. Se consolidó mucho más tarde, en la Edad Media. 

Geoffrey Chaucer y el origen medieval del amor romántico en San Valentín

Uno de los nombres clave es Geoffrey Chaucer (siglo XIV), poeta inglés, quien en su obra Parliament of Fowls sugiere una idea nueva que se hizo famosísima: el día de San Valentín es el día en el que las aves se reúnen para escoger compañero/a. 

Más tarde, otros escritores ingleses y franceses copiaron esa asociación, y se empezó a:

  • escribir cartas de amor en febrero
  • regalar poemas
  • hablar de “mi Valentín” (valentine) como pareja

A partir de ese momento, la fecha comenzó a asociarse con el cortejo, la poesía amorosa y el ideal medieval del amor cortés.

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